Page 16 - Entornos preventores y protectores de la integridad sexual de niñas niños y adolescentes
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El paraíso perdido,


                                                     nuestra incompletitud




               Si hemos  escuchado la historia que se relata de Adán y Eva en el paraíso  y hemos intentado
               por un momento imaginar la placidez y completitud que sentían al estar en ese espacio, así
               como la absoluta carencia e incompletitud que sintieron al ser expulsados del mismo, al tener
               que enfrentarse al cotidiano y trabajar para acercarse, aunque sea mínimamente a aquello
               que perdieron y que no podrán volver a tener, seguramente tendremos un excelente referente
               para comprender lo que siente un nuevo ser al dejar el plácido vientre materno, al que no podrá
               retornar jamás.

               Ese nuevo ser que en algún momento estuvo en plena completitud en el vientre materno al
               punto de no necesitar esforzarse en lo más mínimo para existir, al nacer y llegar a este mundo
               se encuentra en incompletitud, con carencias, con necesidades, con vacíos, con faltas, con
               displaceres, que al ser llenados o satisfechos parcialmente le permiten evocar la completitud
               perdida, aunque nunca más la alcance.

               El hecho  de que este nuevo ser deba esforzarse  para satisfacer las  necesidades que está
               descubriendo, genera una experiencia trascendental en su vida  como es el deseo, es decir
               aquella energía vital que permanentemente,  durante  toda  su existencia, lo impulsará a la
               búsqueda de la completitud perdida, que guiará sus pasos hasta la muerte, pues nunca podrá
               satisfacerlo totalmente.

               La satisfacción parcial de su deseo lo acercará a dos experiencias trascendentales en su vida
               como es la del placer cuando siente satisfecha alguna necesidad y la del displacer cuando no
                puede satisfacerla. Estas experiencias, reconocidas como libido o energía sexual, son las que
                  marcan el ejercicio de la sexualidad de las personas, en tanto a lo largo de nuestra existencia
                      buscaremos vivir situaciones placenteras, es decir eróticas como el comer, beber, dormir,
                          leer, soñar, etc. y evitaremos aquellas que nos hagan sentir displacer.












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