Page 17 - Entornos preventores y protectores de la integridad sexual de niñas niños y adolescentes
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El placer de descubrir que


                            estamos vivos (0 a 1 año)




                Desde el nacimiento la o el bebé se rige por el principio del placer, es decir la búsqueda de
                experiencias eróticas. Al principio no conoce otras manifestaciones afectivas que la expresión
                de su propio placer a través del sosiego, la calma y el sueño relajado después de mamar.

                Solo después de un tiempo, generalmente meses, la respuesta dirigida al rostro de la persona que
                le cuida, que muchas veces está caracterizada por una sonrisa, manifiesta su reconocimiento
                del mundo exterior. A partir de este momento estudia meticulosamente el rostro de la persona
                que le provee, sigue sus movimientos, sus expresiones, se percata de sus olores, de su piel y del
                tono  de  su voz,  construyendo  gradualmente  la imagen  de lo que  desea, de aquello que le
                proporciona placer.

                La  relación  con  esa  persona  y  las  gratificaciones  que  obtiene  de  ella  le  suponen  el  primer
                despertar a la sexualidad, que se ha desarrollado desde el momento en que nace. Las caricias,
                los baños, la limpieza corporal y la lactancia le facilitan una entrada sana y feliz en la sexualidad.

                La lactancia es, para la o el bebé, una de las experiencias que en adelante reconocerá como
                placer. Esta etapa está ligada a la oralidad, es decir a la succión, a la relación satisfacción de
                necesidades a partir de la boca, debe ser acompañada con protección, calidez y la seguridad
                que le proporciona la persona que le cuida.

                Esta etapa  idílica, pronto  se  verá  sacudida por  un  nuevo  evento  como  es  el  destete  o  la
                incorporación de nuevos alimentos. Este hecho, fortalecerá que la o el bebé se percate de
                la existencia de otras personas con las que debe compartir su objeto de placer, es decir la
                persona que le provee los alimentos, y que incorpore una palabra que si bien le permite
                formar parte del mundo social, le obstaculiza la satisfacción casi inmediata que
                ha alcanzado. Esta palabra es: no.













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