Page 24 - Entornos preventores y protectores de la integridad sexual de niñas niños y adolescentes
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El placer de descubrirnos
sexuados (3 a 5 años)
Alrededor de los tres años los niños y las niñas descubren las diferencias anatómicas entre las
personas, hecho que los hará percatarse, paulatinamente, de su pertenencia a uno u a otro
sexo biológico e incidirá definitivamente en la construcción de su identidad sexual, tanto a nivel
psicológico como a nivel social.
La identificación de las diferencias entre los dos sexos no siempre se produce al observar las
diferencias concretas entre órganos genitales, sino en la advertencia de que unos poseen
determinados órganos que otros no, como es el caso de los senos.
Los efectos de este descubrimiento son desconcertantes para las niñas y los niños y suelen estar
seguidos por comprobaciones visuales y táctiles que les hacen generar una serie de hipótesis,
entre ellas que aquellos que no tienen esos órganos los han perdido, que fueron castrados o
castigados a raíz de una transgresión o que estos órganos pueden crecer a raíz de un buen
comportamiento.
Después de muchas investigaciones y autoexploraciones, la niña descubre que si bien no tiene
ese órgano que tienen los varones, tiene uno pequeño y sensible y, por un buen tiempo, sostiene
la hipótesis de que crecerá si se acoge a las solicitudes de buen comportamiento de su entorno.
Por su lado, el niño descubre que tiene ese órgano que les falta a las mujeres, pero se sitúa
inmediatamente en la hipótesis de que puede perderlo al igual que ellas si transgrede las normas
de buen comportamiento.
A partir de estos eventos, en la niña como en el niño, se desata un continuado e importante
proceso de identificaciones inconscientes con las figuras parentales o a quienes las representen.
Si más pequeños imitaban a las personas adultas por afán de comunicarse con ellas, la niña o el
niño “sexuados” forjarán un nuevo lugar en el mundo. Se identificarán como mujeres o como
varones.
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